No cabe duda de que los primeros años de vida de los seres humanos son cruciales para su posterior desarrollo. Esto es así, por supuesto, cuando se habla del desarrollo físico y nutricional de los niños y niñas durante esta etapa. Está ampliamente estudiado que, sin una correcta alimentación y cuidados, las probabilidades de adquirir enfermedades y desarrollar toda clase de problemas de salud en los adultos, crece de manera notable.

Sin embargo, esta etapa en la vida de las personas es igualmente definitoria cuando se trata de su educación. Los primeros años de vida de cualquier ser humano serán los que, en muchos sentidos, sienten las bases de todos los desarrollos posteriores a nivel intelectual, moral, lingüístico, emocional, etcétera.

Hoy en día está aceptado que durante los primeros dos años de vida, los seres humanos adquieren su primera idea del ‘yo’, así como también su relación con el mundo que les rodea, especialmente con los padres y la familia primaria. Del mismo modo, durante esta etapa los niños comienzan a reconocer las respuestas emocionales de su entorno, así como su relación con los objetos, su sentido de pertenencia, etcétera.

Es por ello que, a pesar de que los padres y la familia constituyen el elemento más importante en la educación durante la primera infancia, está aceptada ya la idea de que es importante complementar esta formación con otros estímulos. Esto incluye por supuesto ámbitos como el barrio, la familia ampliada, y los amigos, pero sobre todo el apoyo a través de instituciones educativas especializadas.

Las guarderías y centros educativos para la primera infancia son considerados cruciales para una instrucción completa. Ya sean éstos estatales o privados, estas instituciones proveen un complemento de gran importancia, generalmente a través de la educación a través del juego y de la interacción con otros niños, lo cual contribuye a incentivar el sentido de pertenencia a una comunidad de pares en los niños más pequeños.